jueves, 18 de julio de 2013

EL SMS. PARTE XVI.



Lo angosto del cañón y los escalones desgastados,  hacían que la bajada no fuera tan fácil. Ante uno, la profunda oscuridad rota por el haz de la linterna, notabas en la piel como al ir bajando descendía la temperatura, las paredes se iban cubriendo de un moho blanquecino y la humedad se hacía más evidente.

Allí abajo había pocos sitios para poder esconder algo, las paredes cortadas por la punta del pico, solo con alguna pequeña hendidura donde se colocaban los cerillos antiguamente. Así que solo quedaba detrás de las barricas y los cubetes, no sería muy complicado, solo había 6. Lo encontré en el 4º, pegado en la parte trasera.

“Hola Fernando.

Recuerda como me gustaban las chuletas a la parrilla y ese vinillo que entraba de maravilla, más de una vez salí empachada y un poco contenta.

La última es prueba es la más fácil de todas. Tienes que ir a la agencia de viajes que hay debajo de mi casa y preguntar por Dolores.

Suerte. Besos”

Con la tranquilidad de haber encontrado el sobre me comí las chuletas con gusto, acompañadas de un buen cantero de la hogaza y unos tragos de vino. La noche era templada  y nos fuimos para casa de mi primo cerca de las 2 de la madrugada.

Recorría las calles cuando despuntaba el día, solo se escuchaba el canto de los pájaros. Cada rincón me traía un recuerdo. Esa valla de piedra donde me escalabre, el poyete donde se sentaba mi querido Cayo, el frontón donde había jugado tanto, los soportales de las escuelas donde íbamos a echar nuestros primeros cigarros, la fuente de 4 caños, la plaza donde se ponía la música y descubrí los placeres del baile, las eras primeros escarceos amorosos………. Y tantos y tantos más.

Pero si hay algo que recuerdo con claridad son los ruidos, el cacarear de las gallinas, el rechinar de los guijarros aplastados por las ruedas de los carros, el balar de los rebaños cuando los sacaban a pastar pasando por mitad del pueblo, el golpe seco de los cascos de los machos para quitarse las moscas, el chasquido de las trallas, el crujir de la paja al ser trillada…….

Cuando volví estaban preparando el desayuno, coñe que seguían utilizando aquellos tazones de porcelana  que hacían medio litro por lo menos, mi primo seguía con la misma costumbre de migarse el pan, los demás le dimos a la torta dulce de anís.  Tras mucho insistir para que nos quedáramos a comer, nos despedimos  y nos dirigimos a las Hoces del Duratón.

Dejamos en el coche en el aparcamiento y empezamos a bajar el camino hacia la Ermita de San Frutos, enclavada en unos de los salientes de las Hoces, tiene unas vistas privilegiadas del rio y los cortados. Yo me he preguntado muchas veces: ¿Y el Frutos este, como que le dio por acabar allí?  Hacia algo de viento el cual aprovechaban los buitres y pasaban casi rozándote la cabeza.  La Ermita esta en uso y del convento quedan en pie algunas de las paredes. Al ser pronto, solo había 3 personas más, la paz y tranquilidad que se respiraba era absoluta.

Después de un buen paseo fuimos a Sepúlveda a ver a unos amigos y de paso comer. Cholo y Balbi son una pareja encantadora que regentan uno de los restaurantes típicos, Casa Paulino. Pasamos primero por el restaurante donde estaría Cholo y después pasaríamos por su casa para ver a Balbi.

La historia de esta Villa se remonta a varios siglos A.C., así que podríamos escribir mucho, nos quedaremos con su conjunto histórico de casas y monumentos, siendo su seña de identidad la plaza Mayor empedrada y las Iglesias de El Salvador y la de la Virgen de la Peña.


Salimos hacia Madrid con el estómago lleno y con la alegría de haber pasado unas horas con unos buenos amigos. ©Fer

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