miércoles, 3 de julio de 2013

EL SMS. PARTE VIII.



Estaba impaciente esperando la llamada, que habría descubierto y quien seria nuestro amigo Fulgencio.

-Buenos días Fer. Toma nota: Fulgencio López Guillen, nació en 1869 Casasola, Cantabria y murió en Comillas en 1922. Fue secretario del Ayuntamiento, se casó con Leovigilda Muñiz  Cano, tuvieron 3 hijos. Espero que te sirva de algo. Me debes una comida.

Ya sí que me había perdido por completo, que tenía que ver este señor con nosotros, de Cantabria y de hace siglo y medio.  Como poco tendríamos que ver con sus biznietos y que yo recuerde no conozco a nadie de aquella zona. Es decir, que la clave no es esta.

Comente el tema con mi mujer y fue la que me hizo ver un poco más claro: 
-¿Estuviste en Comilla con ella?  Le conteste que si.

-Pues intenta recordar al detalle aquel viaje.

Fuimos a Santander un puente de Mayo, no alojamos en el Hotel Real, estuvimos los 5 días recorriendo toda Cantabria y volvíamos al hotel solo a dormir, bueno y para algo más. Era complicado acordarse de casi todo después de tantos años, me venían a la mente flases,  momentos sueltos. No sé por qué será, pero lo que mejor recuerdo el su cuerpo desnudo.

Palacio de la Magdalena, Castro, San Vicente, Solares, Suances, la Hermida, Santillana, Comillas……….. los paseos interminables por el Sardinero, vamos como para dar tan fácil con el acertijo.
“Sitio santo que te encoje, ventana que da al mar, Fulgencio López Guillen, donde siempre es primavera esta la respuesta”
Centre mi esfuerzo en Comillas, ya que Casasola no lo conozco.  Pueblo que siempre me ha producido una atracción, los paseos por sus calles han sido largos y tranquilos, me causaba cierto magnetismo, su paz llenaba mi espíritu. La Universidad, el Sobrellano, el Capricho de Gaudí, el Hospital, el Espolón, el Cementerio……..

Una pesadilla me hizo despertarme sobresalto. Estaba paseando en la orilla del mar y de repente me vi rodeado por una bruma que no dejaba ver nada, me costaba hasta verme las manos, tal como vino se fue y estaba rodeado de lapidas, las cuales me hablaban. Joder que mal rato. Me levante y sin encender la luz fui al baño, tenía los ojos medios cerrados mientras hacia los propio. Abrí los ojos de forma automática.

-Coño, es el cementerio.

Ya había dado con el sitio, no podía ser otro. Su aspecto tétrico con la Ermita en ruinas y el Ángel Guardián te hacen encogerte. Recuerdo que en el lado que da al mar, hay una pequeña puerta con una ventana en la parte superior. Recuerdo que la primera vez que lo visite, me llamo la atención el gran número de lapidas de niños que hay.


Ya tenía otro viaje preparado, el juego este me iba a dejar la cartera limpiar. ©Fer

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