lunes, 1 de julio de 2013

EL SMS. PARTE VI.



Abrí el sobre con celeridad, la curiosidad me podía:

“Hola Fernando.

Veo que te has acordado y has descubierto el pequeño enigma. Siempre me he acordado de aquella noche, gracias por ser tan dulce y apasionado.  Ahora te quedan otras 4, vamos a por la segunda.

Sitio santo que te encoje, ventana que da al mar, Fulgencio López Guillen, donde siempre es primavera esta la respuesta.

Buena suerte. Besos”

Nos fuimos a cenar tranquilamente, queríamos disfrutar de la noche, los últimos tiempos habían sido algo duros, la situaciones familiares estaban modificando nuestra vida.
Aquel sitio siempre me gusto, era un palacete con enorme jardín, todo cuidado al mínimo detalle. Su entrada te trasportaba a otro tiempo, iluminación artificial tenue que daba toda la relevancia a los cientos de velas, sus muebles clásicos y sus techo altísimos finamente decorados con frescos.  Las mesas están distribuidas por las estancias,   podías elegir donde cenar: biblioteca, salón de baile,  comedor…………… Tuvimos una cena de lo más romántica, las miradas y las caricias fueron continuas.

Paseamos por la playa con los zapatos en las manos, es curioso el espectáculo que ofrece, estas entre dos mundos,  luz y oscuridad.  Neones, farolas, casas….las observas como si fueran de otro mundo, te hacen hasta daño cuando las contemplas. Luego viene esa franja donde las figuras se van enmascarando con la sombras y por fin llegas a la oscuridad, ese negro profundo que te estremece y que solo se ve roto por la luz de alguna barca de pescadores.

Despuntaban los primeros rayos de sol cuando me levante, desde los pies de la cama me quede observando su cuerpo desnudo, no puede haber mejor espectáculo, ver el cuerpo de la mujer  la que quieres  después de una noche de pasión. Encendí un cigarro, salí a la terraza según estaba, desnudo, sentía el frescor de la mañana por todo mi cuerpo, esto debió despejarme y mi cabeza empezó a funcionar.

-Quien cojones seria Fulgencio López Guillen.


Ahora  no tenía ni idea de por dónde van los tiros, no me sonaba su nombre ni por asomo, tendría que darle muchas vueltas, pero ahora no me apetecía. Sin saber porque mi excitación se empezó hacer manifiesta, entre y me dedique a besar su cuerpo, aun dormida, se giro al sentirme y dejo  su cuerpo a mi merced. ©Fer

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