domingo, 23 de junio de 2013

EL SMS. PARTE II



Llegue con tiempo de sobra, eran las 16:25, eche un vistazo a todo el  local por si reconocía a alguien y me senté en una mesa algo apartada,  con una buena visión de la entrada,  es una costumbre de siempre, sentarme dando vista a las puertas. Pedí un café con hielo, saque el móvil y me dedique a revisar varias redes sociales.
Mis ojos se clavaban en la puerta cada vez que alguien entraba, estudiaba cada uno de sus movimientos intentando adivinar algo. En esto que recibí otro mensaje:
-El hielo puede hacerte daño en la garganta. El Duende
No podía ser, estaba allí, me estaba observando, empecé a fijarme mesa por mesa en cada persona, quería descubrir alguna señal que me descubriera quien era, pero no sabía lo que tenía que buscar. Todos me parecían que podían ser y a la vez ninguno. Me estaba empezando a poner nervioso, no me gusta  no tener el control de las cosas.
Pasa el tiempo y se acerca la hora, en esto entra un hombre alto y delgado, cuando me fijo en su cara no doy crédito, es Juan, una compañero de estudios. Habíamos tenido una buena amistad pero el trascurrir de la vida nos había separado. Sería solo una casualidad o estaría allí por el mismo motivo.
Dude que hacer,  fuera el motivo que fuera de su presencia me apetecía saludarle, me levante y me dirigí hacia él. Pasada la primera impresión de sorpresa  nos dimos un fuerte abrazo, de esos que se dan dos buenos amigos cuando se reencuentran después de muchos años.   Dudo unos instantes cuando le invite a sentarse a mi mesa, pero finalmente acepto. Nos pusimos rápidamente al día de nuestras vidas y me confesó que había quedado con alguien, pero que no sabía quién era.
-El Duende, le dije.
Se iluminaron sus ojos  y me miro  con cara de asombro.  Le explique que yo había recibido varios mensajes citándome allí. Sonó el aviso de nuevo mensaje:
-Estáis la mitad, faltan otros 2.  El Duende.
Le enseñe a Juan este último mensaje,   hicimos mil hipótesis de por qué y quien serian aquellas dos personas que faltaban.  Eran la 17:10 y todavía no teníamos nada en claro.
-Presentaros a los dos señores que están a la esquina de la barra. El Duende.
Éramos  marionetas en manos de aquella persona.
Una vez presentados y sentados todos en la mesa seguimos intentado averiguar el enigma de aquella situación. Antonio y Roberto, que así se llamaban los otros dos compañeros de este juego, eran de  Segovia.  No lográbamos comprender que nos unía a los 4.
Sin saber como  aquella persona se había acercado a la mesa y de pie contemplándonos a los 4, nos dijo:

-Buenas tardes amigos, soy el Duende. ©Fer

2 comentarios:

Musa dijo...

Qué tensión por Dios!!!

Fernando dijo...

Gracias amiga.